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Apunte: CLASIFICACIÓN DE SUELOS.

Resolver un problema de geotecnia supone conocer y determinar las propiedades del suelo; por ejemplo:
1) Para determinar la velocidad de circulación de un acuífero, se mide la permeabilidad del suelo, se
utiliza la red de flujo y la ley de Darcy.
2) Para calcular los asentamientos de un edificio, se mide la compresibilidad del suelo, valor que se
utiliza en las ecuaciones basadas en la teoría de la consolidación de Terzaghi.
3) Para calcular la estabilidad de un talud, se mide la resistencia al corte del suelo y este valor se lleva a
expresiones de equilibrio estático.
En otros problemas, como pavimentos, no se dispone de expresiones racionales para llegar a soluciones
cuantificadas. Por esta razón, se requiere una taxonomía de los suelos, en función de su comportamiento,
y eso es lo que se denomina clasificación de suelos, desde la óptica geotécnica.
Agrupar suelos por la semejanza en los comportamientos, correlacionar propiedades con los grupos de un
sistema de clasificación, aunque sea un proceso empírico, permite resolver multitud de problemas
sencillos. Eso ofrece la caracterización del suelo por la granulometría y la plasticidad. Sin embargo, el
ingeniero debe ser precavido al utilizar esta valiosa ayuda, ya que soluciones a problemas de flujos,
asentamientos o estabilidad, soportados sólo en la clasificación, puede llevar a resultados desastrosos.
Las relaciones de fases constituyen una base esencial de la Mecánica de Suelos. El grado de compacidad
relativa de una arena es seguro indicador del comportamiento de ese suelo. La curva granulométrica y los
Límites de Atterberg, de gran utilidad, implican la alteración del suelo y los resultados no revelan el
comportamiento del suelo in situ.


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